Acidez Gástrica Y Neumonía


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En un artículo publicado en el Journal of American Medical Association del 27 de octubre de 2004, miembros del University Medical Center St. Ratboud, de Nimega, y del Erasmus Medical Center, de Rotterdam, ambos en Holanda, llegan a la conclusión de que el uso habitual de la terapéutica supresora de la acidez gástrica -antagonistas de los receptores H2 (ranitidina) y inhibidores de la bomba de protones (omeprazol), se asocia con un incremento del riesgo de neumonías, adquiridas en el seno de una población, probablemente debido a que una reducción en la secreción ácida del estómago facilita la colonización bacteriana de su cavidad.

Los autores parten del conocimiento de que la reducción de la secreción ácida del estómago por la administración de fármacos supresores de esta secreción permite la colonización del tramo superior del tubo digestivo con gérmenes patógenos. Bacterias y virus del estómago contaminado han sido identificados como especies habituales de la cavidad oral.

Para examinar la posible asociación entre el uso de fármacos supresores de la secreción gástrica y la ocurrencia de neumonía adquirida en el seno de una comunidad, los autores identifican en un Registro Integrado de Asistencia Primaria aquellas personas que habían utilizado estos fármacos supresores de la acidez gástrica, con al menos 1 año de historia clínica, entre 1 de enero 1995 y diciembre del 2002.

Neumonías en México


El estudio de la población incluyó 364.683 individuos que desarrollaron 5.551 neumonías durante el seguimiento. Se trataba de investigar si la inhibición crónica de la secreción gástrica mediante fármacos supresores de dicha secreción se asociaba con el desarrollo de neumonía adquirida en la comunidad, presumiblemente a través de la colonización del estómago por bacterias potencialmente patógenas. Para ello se calculó la incidencia de neumonía entre los individuos expuestos y no expuestos a dichos fármacos.

Además se realizó, de modo separado, un estudio caso-control en pacientes con neumonía a quienes se les habían administrado fármacos supresores de la acidez gástrica en el tiempo en el que contrajeron esta infección pulmonar y en aquéllos en los que la exposición a estos fármacos tuvo lugar solamente antes de desarrollar la enfermedad.

Los investigadores encontraron que los pacientes que estaban utilizando estos fármacos supresores de la acidez tenían el doble de posibilidades de desarrollar una neumonía que aquéllos que previamente habían suspendido la medicación. Calcularon, además, que esto significaba, aproximadamente, 1 caso de neumonía por cada 100 pacientes expuestos a la medicación. Es de señalar, según los autores, que este riesgo es comparable, en magnitud, al riesgo de una hemorragia digestiva alta atribuido a la medicación anti-inflamatoria con fármacos no-esteroideos, que habitualmente se asocia con fármacos supresores de la acidez.

En un editorial del JAMA que comenta este artículo se subraya el interés de este estudio, ya que la asociación encontrada es relativamente fuerte así como que es plausible, desde el punto de vista biológico, que la inhibición de la secreción gástrica condicione un excesivo crecimiento bacteriano. No obstante -se afirma en el editorial-, si bien la supresión de la acidez gástrica causa algunos casos de neumonía, tranquiliza el hecho de que el riesgo sea relativamente pequeño y que la complicación, en la mayoría de los casos, responde al tratamiento apropiado. Sin embargo, ninguna medicación está libre de efectos potencialmente adversos.

La consecuencia práctica es que la preocupación por la seguridad de los pacientes debe ser tenida en cuenta antes de toda prescripción y , de modo especial, cuando se trata de la administración crónica de un fármaco aparentemente benigno.