Alimentos funcionales y sus efectos

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En un análisis publicado en el British Medical Journal del 21 de Mayo de 2007, Nynke de Jong, del Utrecht Institute for Pharmaceutical Sciences, en Holanda, se recomienda un sistema de evaluación, a largo plazo, de los pretendidos beneficios que un marketing agresivo atribuye a los llamados alimentos funcionales. 
Los alimentos funcionales son alimentos modificados que se lanzan al mercado con la pretensión de mejorar la salud, la calidad de vida y el bienestar. Por ejemplo, yogures con bacterias prebióticas o yogures enriquecidos con esteroles vegetales que pretenden bajar la cifra de colesterol.

Los esteroles y los estanoles de las plantas (fitoesteroles y fitoestanoles) reducen el colesterol del suero al competir con el colesterol de la dieta ingerida y con el colesterol de la bilis, en la absorción por el intestino. Además, los fitoesteroles y fitoestanoles interactúan con las estatinas utilizadas como medicamento para reducir las cifras de colesterol, mediante un efecto aditivo sobre el descenso provocado por el fármaco.

Desde el punto de vista de la sociedad, los alimentos funcionales plantean varios problemas como, por ejemplo, la excesiva "medicalización" de la dieta diaria, la seguridad del alimento funcional a largo plazo y su efectividad. Por otra parte, se evidente que los alimentos funcionales necesitan ser evaluados a fondo, tras su lanzamiento al mercado, para comprobar que cumplen con los criterios y las exigencias científicas.

Cómo se comprueba la seguridad de los alimentos?


Las directivas reguladoras de la Unión Europea sobre los alimentos funcionales se centran, por ahora, en comprobar la seguridad del alimento antes de ser autorizado su salida al mercado. Lo que ahora se plantea es la necesidad de una monitorización del alimento funcional a largo plazo para confirmar que sea efectivo (tal como se anuncia muchas veces con excesivo énfasis) y seguro para el consumidor.

Como argumento a favor de la necesaria comprobación de la efectividad en la monitorización post-lanzamiento al mercado, los autores han estudiado específicamente, en la población holandesa, la efectividad de los esteroles y estanoles vegetales añadidos a yogures y margarinas: el máximo efecto obtenido a los 5 años fue la estabilización de los valores del colesterol total en lugar del ligero incremento generalmente asociado con la edad.

El resultado ha sido que, aunque el efecto beneficioso es modesto, puede reducir el riesgo de enfermedad coronaria y aportar beneficios para la salud en la población general. Los autores recuerdan que los alimentos funcionales enriquecidos con firoesteroles y fitoestanoles deben ser solamente incluidos en la dieta de aquellas personas con cifras de colesterol conocidas y sustancialmente elevadas a las que se administran estatinas, con lo que se aprovecha la interacción aditiva entre dichos productos y el fármaco.

En todo caso, una dosis baja de estatinas no puede ser compensada por el aporte en la dieta de estos alimentos funcionales. En este sentido, no hay que olvidar que frente a los posibles efectos beneficiosos de los alimentos funcionales enriquecidos con fitoesteroles y fitoestanoles, existen sospechas de que valores elevados de estos esteroles pueden ser un factor de riesgo para la formación de placas de ateromas.
Teniendo en cuenta estos datos, el sistema sanitario de Canadá no ha permitido la salida al mercado de los productos alimentarios enriquecidos con esteroles vegetales.