Trasplante renal mayor riesgo de padecer cáncer

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En un artículo publicado en el Journal of American Medical Association del 21 de Diciembre de 2006, un grupo de investigadores de las universidades de Nueva Gales del Sur, Adelaida y Sydney, en Australia, y de la universidad de Otago, en Nueva Zelanda, se proponen comparar la incidencia de cáncer en pacientes a los que se administra tratamiento para suprimir el mecanismo defensivo inmunitario (inmunosupresión) después de un trasplante renal, con la incidencia de cáncer en la misma población en 2 periodos previos a recibir el tratamiento inmunosupresor: durante la diálisis renal y durante la enfermedad renal en fase final, antes de iniciar la diálisis.

El estudio se ha realizado en una población de 28.855 pacientes en la fase final de una enfermedad renal que recibió tratamiento para reemplazar la función renal (diálisis), con un total de 273.407 persona/año de seguimiento.

De estos pacientes, 25.685 (14.616 hombres y 11.069 mujeres, con una edad media de 50 años) contribuyeron al estudio en el periodo previo a la diálisis, 24.926 (14.144 hombres y 10.782 mujeres, con una edad media, 54 años) al periodo de la diálisis, y 10.180 (5.966 hombres y 4.214 mujeres, con edad media de 41 años) habían recibido uno o más trasplantes renales.

La media de seguimiento de los pacientes fue de 4,6 años en el periodo previo a la diálisis, 2,7 años durante la diálisis y 8,5 años después del trasplante renal.

Los resultados fueron los siguientes:

La incidencia global de cáncer (con exclusión de los cánceres de piel -excepto el melanoma- y de todos aquellos cánceres que son conocidos como causantes de una enfermedad renal en fase final, como el mieloma y los cánceres del riñón y de las vías urinarias) se encuentra significativamente incrementada después de un trasplante renal (n=1.236), mientras que la incidencia de cáncer está sólo ligeramente aumentada durante la diálisis (n= 870) y antes de la diálisis (n=689).

Después del trasplante renal la incidencia del cáncer está incrementada significativamente en 25 localizaciones orgánicas (melanoma, sarcoma de Kaposi, linfoma no-Hodgkin, leucemia, y cánceres de lengua, cavidad oral, glándulas salivares, esófago, estómago, colon, ano, hígado, vesícula biliar, pulmón, etc.).

La mayoría de estos cánceres fueron de aquellos tipos de los que se conoce o se sospecha que su causa sea un virus.

Las conclusiones de los autores indican que el trasplante renal se asocia con un significativo incremento del riesgo de cáncer en una amplia variedad de localizaciones orgánicas.

Además dado que la mayoría de los incrementos en la incidencia de cáncer en esta población de enfermos con insuficiencia renal en fase final no se observa antes del trasplante de riñón, la inmunosupresión puede ser el responsable de este incrementado riesgo.

Estos datos sugieren un papel más amplio del hasta ahora aceptado de la interacción entre el sistema inmunitario y las infecciones por virus comunes en la etiología del cáncer.

Más opciones y decisiones para el hombre con cáncer de próstata

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El cáncer de próstata es el cáncer más común después del cáncer de la piel en hombres. Los hombres cuyos familiares han tenido cáncer de próstata tienen un mayor riesgo.

Pero conforme avanza la enfermedad a un paso lento, también los hombres en etapas muy tempranas pueden tomar mucho tiempo para explorar las opciones de tratamiento que existen.

El cáncer de próstata es generalmente detectado con una combinación de pruebas. Estas incluyen una prueba de sangre para el antígeno de próstata (PSA) recomendado analmente para hombres de 50 años o mayores (mas tempranamente para aquellos con mayor riesgo). Los resultados menores de 4 mg por ml son considerados normales por los cuidadores de ancianos en df.

Los resultados mayores de 10 son altos y entre 4 y 10 son considerados borderline.


Después del antígeno de próstata viene el examen digital-rectal en donde el médico palpa la glándula prostática con un dedo para detectar anormalidades. También un ultrasonido transrectal puede ser utilizado.

Si se sospecha cáncer, se puede hacer una biopsia de aguja de la glándula y también de los ganglios linfáticos. Si se detecta un tumor, los patólogos lo calificarán de 1 a 5 según la escala de Gleason la cual determina la agresividad del cáncer.

Las dos calificaciones (del antígeno prostático y de la escala de Gleason) son sumadas. Las sumas entre 2 y 4 son considerados bajo (de crecimiento lento), 5 y 6 son consideradas intermedias, y 7 y 10 son de pronóstico malo.

Finalmente, los médicos pueden hacer otras pruebas para ver si el cáncer se extendió. Estos incluyen tomografía axial computarizada (TAC) o resonancia magnética nuclear (RMN) El decidir sobre el tratamiento puede ser confuso debido a que las opciones que existen hoy son mejores que hace 10 años pero también son muchas.

Estas incluyen:


  1. Cirugía salvando los nervios para reducir el riesgo de incontinencia o impotencia
  2. Radiación de rayo externo, en donde se dirigen rayos X estándares en el área de la próstata
  3. Radiación de protones
  4. Implantes radioactivos
  5. Tratamientos hormonales
  6. Combinación de tratamientos